miércoles, 15 de abril de 2009

Historia de los libros mecánicos


Un interesante artículo escrito por Patricio Pron y publicado en el Diario El País en Montevideo, Uruguay el 5 de septiembre del 2008.

http://www.elpais.com.uy/Suple/Cultural/08/09/05/cultural_367618.asp

Transcribo:

"Historia de los libros mecánicos
Juguetes para lectores

Patricio Pron

GREGORIO SAMSA despierta convertido en un monstruoso insecto, el capitán Ahab persigue a una ballena y Alicia cae en la madriguera del conejo. Todos estos hechos no transcurren en ningún otro sitio que la mente del lector, y esta condición de "teatro mental" de la literatura es quizás una de las principales razones de su eficacia, lo que sin embargo no ha sido obstáculo para que muchos se rebelaran contra ella.

Una hipotética historia de la literatura debería incluir la invención de las portadas, el libro ilustrado, el cómic, la poesía visual y la adaptación cinematográfica, al igual que los capítulos de la conquista de la literatura por parte de la imagen, pero también un tipo de libro para el que no existe un único nombre. Se lo llama libro mecánico, móvil, desplegable, tridimensional o pop-up y es aquel al que el plegado de sus páginas le da un carácter tridimensional.

Este tipo de libros estimula la participación del lector mediante la inclusión de discos giratorios, lengüetas, ventanas y otros artilugios y goza en la actualidad de una edad de oro. Más radical que el cómic, el libro mecánico no sólo incorpora la ilustración al ámbito de la literatura sino también la arquitectura y la escultura y es lo más parecido que existe a disfrutar de la literatura con los cinco sentidos.

LA ÉPOCA DE LOS INVENTOS. En 1306, el filósofo catalán Ramon Llull incluyó en una de sus obras un disco giratorio con la finalidad de explicar una teoría astrológica. A este antecedente se le agrega el uso de ventanas y desplegables en tratados de astronomía y medicina en los siglos posteriores. Sin embargo, no es hasta el siglo XIX cuando la técnica de plegado y calado del papel comenzó a ser aplicada en libros recreativos para niños. El primero considerado mecánico es una Cenicienta publicada en Inglaterra en 1850. Unas décadas después, era una parte sustancial de la literatura victoriana y vivía una edad de oro a la que mucho contribuyó un puñado de exiliados alemanes. Entre ellos están Lothar Meggendorfer (autor de libros costumbristas), Raphael Tuck, quien fue retratista de la vida doméstica y cultivó un estilo armonioso de tonos pálidos que deja traslucir el sentido del orden y la moral estricta de la época (Jolly Companions, - 1897- su obra más famosa, muestra las actividades de los niños a lo largo de las estaciones del año); y por último, Ernest Nister, cuyos libros (el más famoso es Wild Animals, 1897) se caracterizan por el espíritu romántico y la exquisita sensibilidad y cuidado en la composición, en la que se involucraba personalmente.

Entre Meggendorfer, Tuck y Nister inventaron todas las técnicas básicas del libro mecánico: el troquelado (que permite ver lo que hay en la página siguiente), la lengüeta, los círculos de imágenes disolventes, la rueda con ventana que al ser girada permite ver alternativamente una parte de la imagen que se encuentra bajo ella, el "peep-show" o libro circular o diorama, las transformaciones o "cuerpos y cabezas cortados", y la apertura automática del relieve al pasar la página.

Pero estas innovaciones no hubieran tenido lugar sin los avances en las técnicas de producción material del libro, que se produjeron en ese período, y la aparición de una clase social adinerada y culta que podía permitirse sus onerosas invenciones: la confección manual y particularidades del libro mecánico lo hacían mucho más caro que el resto.

El libro mecánico siguió siendo patrimonio de esas familias adineradas hasta la década del 30, cuando el editor británico Stephan Louis Giraud creó dos series que lo hicieron accesible a las clases más modestas. En el Daily Express y en la editorial "Bookano Stories" (1929-1949) fueron publicados los principales libros mecánicos del período: Pinocchio de Harold Lentz (1932) y las New Adventures of Tarzan de Stephen Slesinger (1935), por ejemplo. Estos libros estaban caracterizados por la apropiación de cuentos infantiles clásicos y un diseño atractivo para los niños, relativamente simple de imprimir a la vez: las figuras se levantaban al abrir la página.

La principal innovación que Giraud introdujo fueron los efectos de plegado consecutivo, en el que las figuras se despliegan una tras otra a la manera de un acordeón, dando a la imagen una impresión de profundidad, también conocido como "libro túnel o acordeón". En esos años, la compañía norteamericana Blue Ribbon Press produjo libros mecánicos con personajes populares e introdujo el término pop-up (saltarín) con el que se los conoce en el ámbito angloparlante.

LLEGADA DE LA VANGUARDIA. Las décadas siguientes asistieron a la profundización y enriquecimiento de las técnicas del libro mecánico. El proceso fue logrado por artistas como el checo Vojtech Kubasta, que aprovechó sus conocimientos de arquitectura para crear a partir de 1956 fascinantes obras de grandes dimensiones, compuestas por un solo desplegable por página. Fueron traducidas a veinticuatro idiomas y vendieron más de treinta y cinco millones de ejemplares. Otros innovadores del período son Geraldine Clyne, creadora del primer libro mecánico de ciencia ficción; Julian Wehr y Patricia Turner, que desarrollaron la técnica de los libros circulares, también llamados "de carrusel", que se abren en trescientos sesenta grados, dividiendo el cuento en seis escenas tridimensionales.

Estos artistas y otros perfeccionaron la técnica del libro mecánico y contribuyeron a lo que sucedería en las décadas de 1970 y 1980: la creación de este tipo de libros por parte de artistas de vanguardia como Andy Warhol, Bruno Munari, Kreta Pacorská y Maurice Sendak.

La apropiación del libro mecánico por parte de estos artistas y la aparición de un nuevo público familiarizado con sus técnicas desde la infancia, y ávido de innovaciones, condujo a la segunda edad de oro del libro mecánico.

Hoy el panorama está dominado por la reedición de los clásicos en ediciones facsímiles para coleccionistas, el uso de hologramas, sonido, acetatos e incluso microchips, y el pico creativo de autores como Ron Van der Meer, James Díaz, Jan Pienkowski, Andrew Binder, David Pelham, y, principalmente, Nick Bantock y Robert Sabuda. Los dos últimos han sido capaces de reproducir gráficamente las atmósferas surrealistas de la obra de Lewis Carroll.

Sabuda es también autor del impresionante The Christmas Alphabet (1996), un libro mecánico sin palabras ni imágenes, sólo papel plegado del que el lector "extrae" la historia. El mismo autor produjo también la mejor adaptación de Alice in Wonderland (2003).

Bantock por su lado se atrevió con los poemas "Jaberwockky" (1991) y "The Walrus & the Carpenter" (1992), de Carroll. Leerlos es como tocar un sueño frágil y siempre al borde de la vigilia.

UNA FORMA DE RESISTENCIA. Las técnicas del libro mecánico invitan a una relación lúdica y desprejuiciada con la literatura y aportan una nueva mirada a historias y autores conocidos. Así, pocos objetos encarnan tan bien el sinsentido basado en juegos lingüísticos a la manera de Lewis Carroll, como los libros de transformaciones de Nister. En ellos la imagen -por lo general un rostro o figuras de animales- es cortada horizontalmente en cuatro partes que se combinan libremente pasando las páginas. El resultado del juego puede ser una criatura con piernas de pollo, tronco de elefante, hombros de mono y cabeza de mosquito pero también un león hecho y derecho. La enseñanza sutil del juego es que las posibilidades combinatorias de la imaginación no son finitas y que la existencia del león es tan absurda como la de la nueva criatura.

El interés actual por el libro mecánico resulta desconcertante si se considera que ya no es necesario recurrir a troquelados o relieves para reproducir una emoción, que puede obtenerse más fácilmente en el cine o en la animación. Pero su retorno es una forma de resistencia a la supremacía de la imagen en movimiento. Su cruce de arquitectura, artes plásticas y literatura propone un regreso nostálgico a la infancia."

1 comentario:

ivan orjuela dijo...

Hola, Mi nombre es Lina, me gustaría mucho saber si podrías brindarme mas información sobre estos libros. Yo estoy haciendo mi trabajo de grado sobre los libros pop up y parte de lo que he visto en tu blog me ha servido como referencia para mi investigación. si podrías ayudarme con los países que han producido estos libros, te lo agradecería bastante.
mi correo Feror-29@hotmail.com
gracias